EL SECRETO DE LA LEALTAD

EL SECRETO DE LA LEALTAD

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Por Profesor Luis Guillermo Santos

Alguna vez Sarmiento escribió “las ideas no se matan”. En Argentina parece que aún persiste con el paso del tiempo el interés por matar, silenciar o acallar las ideas. El gran secreto del Peronismo es que justamente es un cuerpo de ideas, una doctrina. De ahí tal vez provenga su supervivencia. Cuando se lo analiza no siempre se le presta demasiada atención al conjunto de ideas que le dan forma y moldea al peronismo. Las ideas no se matan y además sobreviven.  Es un hecho político histórico y simultáneamente actual, significa e implica muchas cosas a la vez, quizás por estas cuestiones será tan difícil de analizarlo en su máxima complejidad. Es la doctrina y el sentimiento, es la interpretación y lo que cada uno quiere que sea. Es el recuerdo, es la historia y el presente.

Hace exactamente 75 años nacía el Peronismo, cuando cientos de miles de argentinos, en especial trabajadores y desclasados, se congregaron en la mismísima Plaza de Mayo para pedir por la libertad del entonces Coronel Juan Domingo Perón confinado en la isla Martin García. El gobierno militar cedió y Perón le hablo al pueblo ahí reunido en el balcón de la Casa de Gobierno. Algunos se refrescaron las patas en la fuente y la Plaza de Mayo nuevamente se convertiría en el centro de la escena política nacional. Nacía la comunión entre esa multitud anónima y el líder militar. Quedará registrado ese hecho, bendito o maldito según desde donde se lo analice, en la historia como el Día de la Lealtad Justicialista. Meses después el ya General Perón sería elegido Presidente de la Nación en dos oportunidades, una década después vendría su derrocamiento, los dieciocho años de exilio y la resistencia peronista y finalmente el viejo General regresaría a su tierra a morir y a ser ungido en las urnas nuevamente como Presidente.

Los historiadores del peronismo sostienen que no hay un solo peronismo, sino que hay varios, contradictorios y a la vez complementarios del mismo fenómeno. Los no peronistas dicen que el peronismo no existe más porque murió con Perón. Sin embargo, aún persiste. Con mayor o menor vitalidad sigue movilizando sentimientos, recuerdos, experiencias y personas. Perón fue un hombre atravesado por la historia y sus consecuencias. Hubo varios Perón y estudiar al peronismo a partir del derrotero de la figura de su fundador dificulte la tarea. Sobrevive la doctrina, a veces olvidada pero que en estos setenta y cinco años de historia ha sido el combustible que alimentó la luz del movimiento aun en las noches y días más oscuros. La doctrina justicialista está ahí, como detenida en el tiempo, pero a pesar de los cambios atravesó el mundo sigue actualizada y presente. ¿Será ese su verdadero secreto? Basta leer a Perón para darnos cuenta de su vitalidad, fortaleza y persistencia. El peronismo pensó a la Argentina y a sus problemas desde la Argentina y no al revés. Es una doctrina política profundamente nacional, cristiana y humanista; es la única doctrina desde el punto de vista filosófico puramente local. Es un modelo posible de desarrollo social, económico y político. En el último aporte doctrinario que nos legara el General Perón, ese que se abrazó con su eterno rival, el mismo que manifestó que se había convertido en un león herbívoro y que su único heredero era el pueblo; que es el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional (1974), Perón pareciera con una notable lucidez comprender los problemas que sobrevendrían a la Argentina del siglo XXI. Problemas que lamentablemente aún siguen sin resolverse. Una vez más la doctrina ilumina un posible camino, es cuestión de leerla, estudiarla, pero por sobre todas las cosas de aplicarla.

La lealtad a las personas no siempre suele ser duradera ni eficaz. Las personas inexorablemente vamos cambiando. Eso nos trae frustraciones, enojos, tristeza y conflictos. En cambio, es la lealtad a las ideas la que puede sobrevivir sin mayores contratiempos al paso del tiempo. Las ideas no defraudan, no traicionan y son incorruptibles. Es tiempo de volver a leer la doctrina para que el Día de la Lealtad tenga un sentido verdadero más allá del 17 de octubre de cada año.

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