SABÍAS QUE EL INVIERNO ES LA MEJOR ÉPOCA PARA ADELGAZAR

SABÍAS QUE EL INVIERNO ES LA MEJOR ÉPOCA PARA ADELGAZAR

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Por Lic. en Nutrición Patricia Vitale – Matrícula 7400 – IG @nutrisalud.america

Los orígenes de nuestra especie se sitúan en zonas de clima templado y cálido. Si hemos podido sobrevivir en territorios mucho más fríos es gracias a haber encontrado soluciones cada vez mejores para defendernos de las bajas temperaturas.

En invierno las condiciones meteorológicas suelen ser duras para el ser humano. Las bajas temperaturas hacen que el cuerpo consuma una gran cantidad de energía para generar el calor que nos mantiene en vida. Esta energía la obtenemos gracias a la ingesta de alimentos, que debe ser alta en esta época del año.

Se estima que aproximadamente el 60% de la energía que consume el cuerpo humano se dedica exclusivamente a mantener la temperatura corporal. Este porcentaje variará dependiendo de la época del año.

En verano, en cambio, el cuerpo humano no tiene el mismo problema. Todo lo contrario. La temperatura debe bajar debido al intenso calor y se consigue mediante la sudoración. Esto no quiere decir que el cuerpo no necesite generar calor, cuidado. De esta manera, en verano no debemos ingerir alimentos tan calóricos como en invierno.

Ya hemos visto que es en invierno cuando necesitamos más calorías para mantener la temperatura. Así que, si modificamos nuestra manera de comer, reduciendo la cantidad de ingesta, los resultados van a ser más evidentes cuando la temperatura exterior es más baja. En verano tardaríamos más en ver estos resultados.

Siempre creemos que es en verano cuando se adelgaza más rápido. Esto es principalmente porque disminuimos el consumo de bebidas azucaradas, aumentamos la actividad física y comenzamos a consumir alimento de bajo valor calórico, como las ensaladas.

Evidenciado cómo afecta la temperatura a nuestras intenciones de adelgazar, existen otros factores mucho más determinantes a la hora de perder peso. Nuestro estado de ánimo, el nivel de estrés, de ansiedad, la calidad del sueño, los genes, la edad, los periodos de menstruación, y un sinfín de elementos que influyen en la perdida de nuestro peso.

Atención a las calorías

Si bien la exposición a bajas temperaturas pone en marcha mecanismos corporales que requieren energía con los sistemas de calefacción que se dispone en la actualidad, el gasto energético ligado a la termorregulación no experimenta un cambio sustancial en invierno.

Por lo tanto, hay que intentar no ingerir más calorías de las necesarias.

Es sabido que la grasa actúa como un excelente aislante térmico. De ahí que las personas delgadas y con poca cantidad de grasa debajo de la piel sean más frioleras; pero en nuestros días, para una persona de peso normal, sería una estrategia equivocada acumular grasa corporal como mecanismo protector.

Sin embargo, no es fácil mantener el peso en invierno. Por un lado, apetecen alimentos y platos con mayor densidad calórica.

Si el aporte calórico total no experimenta modificaciones sustanciales, tampoco lo hace el porcentaje de los distintos nutrientes que deben cubrirlo. Por ello, tampoco necesitan experimentar cambios importantes ni la cantidad ni el tipo de hidratos de carbono, grasas y proteínas ingeridos.

Vitamina C y D

La necesidad de cubrir las dosis diarias recomendadas, que son de 60 mg para los adultos. Esta cantidad se puede obtener con facilidad incluyendo en la dieta diaria hortalizas y frutas frescas, sobre todo cítricos.

Por otro lado, la reducción de la intensidad y la cantidad de horas de luz solar puede influir en el equilibrio de la vitamina D, dada la participación directa del sol para sintetizarla. Teniendo en cuenta que la disponibilidad de esta vitamina en los alimentos es escasa, resulta aconsejable dejar que el suave sol de invierno acaricie la piel.

La mesa, antídoto para el desánimo

Los estudios sobre los cambios de estado de ánimo asociados a las diferentes estaciones indican que aproximadamente para el 80% de la población occidental el periodo que más induce a la tristeza es el invierno.

La alimentación en esa época puede aportar efectos beneficiosos: presentaciones atractivas, placeres para el paladar, el confort de una buena digestión, la oportunidad de compartir que brinda la mesa como centro de reunión… son factores capaces de añadir a la vida buenos momentos, precisamente aquellos que escasean en quienes afirman sentirse tristes.

Las experiencias agradables son los antídotos del desánimo. La alimentación es una de las muchas fuentes que pueden generarlas sin necesidad de recurrir a excesos dietéticos.

 

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